Dimitri se levanto del lecho dejando a aquella prostituta que tanto le gustaba dormida entre las sabanas blancas, se vistio, lento, el aroma salado de su cuerpo le atontaba, tomo su adorado sombrero y beso la frente de Diane, un nuevo dia. Comenzaba.
La casa Hayes, estaba desierta, cualquiera podria pensar que no habia nadie, pero los mellizos dormian sobre la mullida alfombra, como un par de niños de pecho, el mayor, para despertarlos, con malas intenciones; cerró fuertemente la puerta de entrada, ambos se sobresaltaron, al ver a Dimitri, le ignoraron y volvieron a los brazos de Morfeo.