lunes 31 de enero de 2011

Anastassia.

Los sauces lloraban bajo el alelo de la tormenta que golpeaba feroz sobre Londres, los edificios se confundian con las tristes nubes que despedian al gran compañero que se iba, el campo santo estaba debilmente poblado por cuatro hombres guardando luto.
Dimitri, el mayor de los hermanos boto una rosa roja en la que ya era una tumba y salio caminando arreglando su sombrero, ya sabia muy bien como olvidar la perdida de su viejo padre.
Constantine y Hugh, mellizos, subieron a sus respectivos coches a una noche de juerga y alcohol.
Frank, el menor de los Hayes se quedo un rato mas observando como la lluvia consumía poco a poco la tierra que cubría el cobrizo ataúd, un rayo resonó fuerte en Londres, lo que tomo tomo como el ultimo adiós, comenzó a caminar tranquilo por entre lapidas, vio una figura moverse rauda por el lugar, no le importo seguirla, pero inconscientemente lo hacia, un mausoleo abierto le llamo la atención y se acerco, el expelente hedor le obligo a marcharse, sin embargo el rostro risueño de una blanca mujer lo obligo a retroceder, tropezó con una calavera y sacudió la cabeza, nada, no había nadie, miro hacia todos lados buscando explicación, el hedor, nuevamente, le obligo a salir.

Nota del autor; Esta historia continuará.